Una vez que lo hice no lo podía creer. Sentí alivio y frustración, impotencia y satisfacción, todo a la vez.-"Pobre Gustavo" - me dije.
Guardé el arma, lo empujé a la orilla. Subí la pequeña colina. Fui a la carretera y, simplemente, me olvidé del asunto.
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Todo empezó cuando después de 10 meses juntos me entero que Viviana - mi "mejor amiga" - y Manuel - el 'amor de mi vida' - tenían ya 2 meses de pasión extrema y de burlarse a mis espaldas. El hecho, la verdad, no me afectó mucho. Fue el cinismos de cómo me enteré lo que me llevó a la ira.
Viviana y yo discutíamos mucho. Ella muy segura de sí y yo muy terca. El simple hecho de decirle sus verdades en pleno patio del instituto no fue aceptable para ella. No lo aguantó y decidió llevarse por la inmadurez y seguirme la corriente. Pensó ella aprovechar la situación para soltar la verdad nada más y nada menos que enfrente de todos aquellos que yo alguna vez consideré como personas sin importancia, pero que iban a presenciar el principio de mi desfogue.
Sí, todos se enteraron que me fueron infiel. No sólo el niño sino la que gritaba a los cuatro vientos jurarme lealtad amical.
Lo peor no fueron las palabras, fue que el acto no terminaba tras haber escuchado el careo. Manuel entra, la abraza - sí a ella, no a mí - como lo hacía conmigo, y se la lleva.
Sola, con mil miradas encima, en el centro del patio, me había enterado de todo. Me había - SÓLO - resquebrajado el corazón. Los detesté, juré vengarme. Pero preferí no hacerlo.
La cereza del pastel la protagonizó el mismo instituto al decidir expulsarme por agresión y degradación de un estudiante. ASí es, su plan no era sólo quitarme al simplemente querido Manuel, sino también alejarme de todos. Alejarme de lo que yo una vez consideré ser el punto inicial del mi felicidad. Lo que me alejaba de lo que mi familia no me pudo dar.
El director me explica lo sucedido. Que Manuel y sus amiguitos fueron testigos de cómo yo agredí a Viviana. Aseguraron, me contaba el director, tenerlo todo grabado pero que en mi impulso de ira lo destruí todo. Me sentí sincera y completamente triste, débil pero a la vez con mucho poder en mis manos.
Me dieron mis papeles. Al ver mi récord académico me sentí rara al ver mis buenos promedios. Yo me consideraba torpe para cualquier tipo de asignatura, me gustaba considerarme como freelance pero la insistencia de mis padres logró que ingresara a un instituto para algún propósito parental. Yo lo consideraba patrañas.
De ahí lo entendí. No habría otra manera de sacarme del panorama a menos que yo agrediera a alguien y con algunos antecedentes míos de discusiones con los profesores no iba a hacer dudar al director. Fue muy lista. Por primera vez me había ganado. Entendí y pude comprender lo que ella debió sentir al ser mi sombra por años.
Salí y ahí me esperaba él. Lo miré y prácticamente tenía escrito por todo el cuerpo la palabra 'víctima'. Después de soportar que me ruegue por meses que entable una relación con él, decidí ser yo quien inicie la conversación. Por primera vez le presté atención. Me parecía que tenía una bonita sonrisa, que era amable y, a la vez, que este mundo corrompe a la gente como él y no soportaría verlo de esa manera. Tenía que eliminarlo para evitar otros daños.
Fuimos a un café, le dije que necesitaba conversar con alguien, desahogarme para no retener tanto dolor. Se lo tragó. Me aseguré que nadie nos vea salir juntos. Ya tenía decidido que ese sería su último día así que decidí dejar que lo viva conmigo. Que sea feliz por última vez.
Sabía que si lo hacía, si lo eliminaba, estaría yo eliminando, sacando de mí, una furia retenida. Todo esto era más que simplemente odio porque una chica me quitó a mi novio. La verdad no me importaba mucho. Es cómo dejaron mi persona. Cómo destruyeron la reputación que había creado. No lo podía permitir. Pero no podía hacerles nada, sospecharían de mí inmediatamente.
Después del café me llevó de compras, me negué. No quería que haya registros de nuestra salida. Quería hacerme sentir bien después de toda la vergüenza que pasé en el Instituto. Le dije que la ropa no me importaba, que fuéramos a otro lado.
Empecé a besarlo. Él lo hacía con tanta pasión. Me burlé, no se dio cuenta. Me llevó a su departamento. Lo dejé seguir, hacer que se sienta feliz. Fue un desahogo, para ambos.
Mientras él se terminaba de arreglar quise conocer un poco al que iba a matar. Miré sus cajones y me sorprendió ver un arma. ME sorprendió. No lo esperaba de él. Parecía tan tranquilo. No lo negaré, eso me atrajo un poco de él pero no podía perder el objetivo de todo. Guardé el arma en mi bolso.
Salimos y me empecé a desesperar. No sabía cómo hacer par acabar con él. No se me ocurría el lugar. Sólo sabía que iba a ser esa el arma.
- "¿Vamos al malecón?" - dijo él.
- "Pobre" - pensé, no sabía que acababa de darme la idea que necesitaba
El barranco, las olas, la oscuridad de la noche. Todo era perfecto. Le recomendé caminar no quería llevar mi carro. CSI me enseñó que las huellas de las llantas también se toman en cuenta. En fin, le vendí la idea de que él era el que yo necesitaba. Que no podía creer que lo que me mostraba Manuel era amor comparado con lo que él me daba.
Le dije que nos acostemos en la arena. Que miremos la luna llena, que nos dejemos llevar por el momento. Que dejemos todos nuestros problemas en las olas del mar. Poco sabía él que él era mi problema, que tenía que eliminarlo. Que repudiaba su existencia, que era su fin.
Nos acostamos en la arena. Esperé el silencio. Saqué el arma.
Disparé.
Me aseguré de que estuviera inerte. No se movía. Esperé unos minutos, para terminar de asegurarme. Estaba hecho. Estaba muerto.
Una vez que lo hice no lo podía creer. Sentí alivio y frustración, impotencia y satisfacción, todo a la vez. Sonreí un poco.
-"Pobre Gustavo" - me dije.
Guardé el arma, lo empujé a la orilla. Subí la pequeña colina. Fui a la carretera y, simplemente, me olvidé del asunto.
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Decidí quedarme en Lima, puesto que si escapaba sería sospechoso. Me interrogaron. Di como coartada estar en la casa de mi madre. Ella en ese entonces estando de viaje decidí armar su casa como si yo hubiera estado ahí. Dormí ahí para hacerlo más real.
Han pasado dos años desde ese entonces y lo único que me permito recordar es que sufrí, una vez, un daño a mi reputación y que ese mismo día - casualmente - murió alguien que poco me importó.




