Después de haber vivido lo que, por ahora, puedo llamar mi vida, me he dado cuenta que he vivido lo que he podido, quiero vivir muchas cosas más y las que viviré serán bienvenidas.
Todavía recuerdo cuando era pequeña y era feliz cuando iba al colegio – sí, esa época existió alguna vez en mi vida –. Recuerdo mi primer enamorado. Aún recuerdo la primera desilusión – dolió en cantidades industriales pero aprendí más que los cinco años de secundaria –. Mis peleas familiares, las peleas amicales, las peleas no razonadas, las peleas hechas simplemente por el gusto de pelear y las peleas que lo único que creaban era empeño por la otra persona. Mi primer día en la universidad - enojadísima porque no era la universidad que quería pero ahora no puedo vivir sin ella.
El tiempo me enseñó – y me seguirá enseñando – que las cosas vienen por algo, que no todo es en vano. Si pasó, PASÓ. Si es que no pasa, AGRADECE – Dios sabe qué pudo pasar y al final no pasó –. Hubo momentos en el tiempo que recordaré de por vida, otros que dije que recordaría y hoy no recuerdo en lo más mínimo.
Es que eso es lo que hace el tiempo, te engaña. Te hace pensar que va lento cuando en realidad es más rápido. Te engaña haciéndote pensar que tienes el tiempo suficiente para hacer, pensar, decir lo que uno desee. Para ser más clara, el tiempo te engaña porque uno dice: ‘Asuu, ¿parciales? Eso es en abril’. Bueno, ¡DESPIERTA! Es abril y ya vienen parciales. EL TIEMPO ME VOLVIÓ A ENGAÑAR. Fue tan meticuloso, no lo sentí. Tan maquinista que me sorprende.
El tiempo, a la vez, ayuda. Me ayudó a olvidar lo que tenía que olvidar, me ayudó a superar, a entender y comprender cosas que por mi escasa edad o mi falta de madurez no llegaba a racionalizar por completo.
El tiempo me ayudó mucho pero a la vez “empeora” las cosas. Más tiempo uno tiene – con respecto a la edad – más responsabilidades vienen. No me refiero a que las responsabilidades sean malas pero aún así el tiempo te prueba a ver si pasas el examen de la vida.
Lo único que puedo decir es que el tiempo no es milagroso. Lo único que el tiempo no puede borrar son las arrugas, las experiencias y las amistades.
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